domingo, 22 de junio de 2008

Juan Carlos Onetti, uno imposible de amar y de dejar de hacerlo

"- ¿No quiere que hablemos?- invitó seria, sacudiendo aún la cabeza.
- No.
- Está bien. Usted es un hombre. Esa vieja incapacidad de los hombres para revisar una cuenta cuando saben que la cuenta está equivocada...
- No entiendo -murmuró él; miraba hacia abajo, el estrecho camino costero por donde caminaría alguien viniendo hacia él sin saberlo -Y si entiendo, siempre creí que era una particularidad femenina.
- No, no. Una mujer no. Ni siquiera aprendió eso, pobrecito. Una mujer seguirá creyendo que, de alguna manera, por alguna cifra que está actuando sin figurar en la cuenta, la suma es exacta. Pero hará la comprobación cada día, en cada oportunidad, y sabrá siempre que en apariencia, en el papel, está equivocada. Yo sé que usted va a ofenderse si le acaricio la cabeza; por eso no lo hice nunca. Además una mujer sabe qué cifra es la que estropea la cuenta."


El diálogo anterior pertenece a la novela de Juan Carlos Onetti: "La vida breve". Este excelente escritor uruguayo cuenta acá la historia de Brausen, un escritor que, frente a la crisis de su matrimonio, empieza a imaginar ficciones. Este es el argumento/excusa que Onetti usa magistralmente para contar cómo se hace una novela.

Brausen, creador/dios/escritor, vive la vida de sus personajes, es sus personajes, dialoga con ellos, comparte la oficina con el mismo Onetti... Una delicia. Eso sí, no apta para leer en el colectivo por el existencialismo que destila, la fuerza demoledora de algunas frases, la antiheroicidad de sus personajes, los saltos permanentes de escenarios y de tiempos, la belleza de algunas frases que necesitan su tiempo de asimilación.

Una novela probablemente escrita desde la cama (Onetti pasó diez años en una). Una novela para ser leída en la cama, con los ojos bien abiertos.

lunes, 16 de junio de 2008

Shhh



la obviedad de la palabra

calla

frente a la certeza

de este silencio
Copyright2008

viernes, 6 de junio de 2008

Fotos de prostíbulo


Maquillaje. Si pretenden que acepte, ¿cómo se dice?, sacarme una foto, por lo menos me tengo que maquillar. Algunos dicen que esos aparatos te quitan el alma. Por eso me voy a dejar convencer. Y maquillar bien.
Hace ya una hora que llegaron. Vienen de Buenos Aires. Eso se nota aún antes de que lleguen. Por el ruido del motor, por sus voces gritonas, sus aires no tan buenos. Como aquél, como ése del que me quiero olvidar. Del que ya me olvidé.
Bajan del auto y una ya sabe quiénes son. Son ruidosos, exagerados, ricachones que se llevan el mundo por delante. Pero de puertas para adentro saben que son unos pobres tipos. Ni el perfume francés, ni los zapatos caros les sirven para convencerme, otra vez convencerme, de que son felices o de que saben lo que quieren. El único que lo hizo fue él. Y no era tan rico, ni tan bullicioso, ni tan extrovertido, ni tan... nada. No me quiero acordar. Mejor, maquillarme y salir al patio y jugar a la puta de provincia y convencerlos a ellos de que me creo el juego, la historia, sus risotadas. Tener el control y divertirme con eso, con que se crean mi ingenuidad, mi escasa alegría y ver en todos ellos a ninguno, para no verlo a él, para no pensar en él, para que en el cuarto, dentro de un rato, no seamos dos los que lloremos. Porque ya se sabe: una puta no debe jamás enamorarse.


Copyright©2008


Compiló las fotos Ricardo Ceppi
Curiosidad: Este cuento lo escribí hace unos añitos cuando iba a un taller lietrario y su coordinador (¡grande, Jorge Cabrera!) nos mostró estas antiguas fotos de un prostíbulo de provincia. Después nos contó la maravillosa historia de su aparición.
Resulta que una serie de extraños fenómenos (algunos llamarán casualidades) hicieron que estuvieran en una exposición en una galeria de Buenos Aires en 2005: una niña, jugando en la calle encontró unos tubitos de cartón, no sólo los recogió y no perdió o rompió sino que se los llevó a su casa. Esta niña es hija de un fotográfo, Ricardo Ceppi, y su padre reconoció el material. No tenía mucha esperanza en su conservación, pero la curiosidad fue más fuerte y por fin intentó la revelación. Y así fue como descubrió estas fotos. Y así fue como salieron a la luz, despuès de más de sesenta años, estas imágenes de un grupo de hombres bien vestidos que realizaban un largo trayecto, máquina en mano, hasta el viejo lupanar campesino de principios de siglo.

¿Es una serie de casualidades o el arte que trasciende y se muestra más allá de nuestras circunstancias y designios?

martes, 3 de junio de 2008

Silencios de escritora



"Puedo escribir los versos más tristes esta noche", repetía para sí una y otra vez la escritora.


No eran versos suyos. Tampoco era chilena, ni tenía una casa en Isla negra. Pero tenía un día negro. Y estaba triste.


"Escribir es no hablar", recordaba. Entonces pensó que estba bien escribir.


"Escribir es terrible", alguien debería haber dicho eso.

Es la noche.


Las flores nacen, crecen, se reproducen y mueren. Las flores se marchitan.


Las flores.


La flor del principito era egoísta. Pero se dejó domesticar, piensa.


Escribir es estar sola.


La soledad de la escritura. La soledad de la escritora.


La soledad.


Puedo escribir los versos más tristes hoy. Y no. Ni siquiera.


La escritora deja la lapicera. Va a la cocina. Se prepara un té. Se atiende. Se mima. Se perdona.



Copyright 2008 La imagen pertence a Irene Morack

lunes, 2 de junio de 2008

La cita IV (final)



Ella: “Hay piel, no puedo negar que me atrae este oso. ¿Por qué será tan dulce en la cama y después nada? Nos vimos el sábado y ni un llamado, un cómo estás. No estoy hecha para estos encuentros así. ¿O seré una estúpida por haber estado tantos años casada? ¿Tendrá razón la psicoanalista cuando me dice que no me quiero entregar a ningún hombre? Al final con Osvaldo era más fácil, tendría sus defectos pero… ¡Y este estúpido que no es capaz de llamar! ¡A la confitería horrible que me quería llevar el otro día! ¿No ve que soy una mujer hecha y derecha? ¿Ninguno me va a valorar? ¡Para repetir lo de Osvaldo me quedo sola y listo! ¡Buey solo bien se lame! Si al final los hombres están todos histéricos. Cuando voy por la calle, en una confitería, en el colectivo… ¡todos me miran, pero nada más! ¡Y después una se encuentra con tipos como éste! ¡Ni abrirte la puerta del auto! Osvaldo será lo que será, pero caballero era…
¿Me voy a quedar sola a los 42 años? ¿O me voy a tener que resignar a estar con alguien tan poca cosa? ¡No, no quiero! Quiero sentir que se preocupan por mí, que soy importante para él, que no soy un polvo y nada más. ¡Pero qué noches, mi Dios! Nunca creí que la podría pasar así con alguien que no fuera Osvaldo, y eso que él en eso…Si éste después de la cama fuera la mitad de lo que es allí, hasta me caso de nuevo! Pero bah, ¿me tendré que conformar con esto? Muchas ganas de formar un hombre otra vez no tengo, ¡ni quiero! ¿Por que? Si yo ya estoy formada, ¡por qué no me puedo encontrar alguien más o menos normal, que esté bien parado y sepa qué quiere? ¿Es mucho pedir eso?
¿Y encima no es capaz de llamar?”

Él: “¿Qué hago? ¿La llamo o no la llamo? Le mandé un mensaje y me lo contestó muy cortante. Tiene carácter fuerte esta mina! ¿Será verdad lo de los signos? ¿Quién me mandó a engancharme con una ariana otra vez? Dentro de todo a Mari la sabía llevar! Bah, ¡hasta que se rajó con el veterinario ése! Pero pensándolo bien, ¡está bien! ¡Si es una yegua!
Pero ésta es muy complicada, yo me doy cuenta, lo quiere disimular pero no puede. Siempre está como controlando todo, que si vamos aquí, que si vamos allá. ¿Por qué no vamos al telo y listo? ¿Para qué tanta vuelta al pedo? Si lo que queremos los dos es echarnos un polvo que nos dure toda la semana! ¡Yo vivo en una punta de la ciudad y ella en la otra! ¡No pretenderá que le haga el noviecito y la venga a buscar en la semana! Yo tengo mi trabajo, el partido con los muchachos, mis hijos… ¡Mirá si ahora que me deshice de la yegua voy a soportar a otra que me maneje los tiempos! ¡No, señor! Como dice Juan, ¡palo y a la bolsa! ¡Si las minas están todas locas! ¡Entregadísimas! ¡Y uno, que las sabe atender como Dios manda..! ¡Después no te las sacás más de encima! ¿Qué me tengo que enroscar con ésta?
Esta bien que la mina me guste, que en la cama se deje llevar como una gatita, pero todo lo demás es una lata! ¿La llamo o no la llamo? No, mejor llamo a Juan y organizamos una partida de pool. Mañana vemos.


Se vieron, se buscaron y se encontraron algunas veces más. Y paulatinamente se fueron distanciando.
Fueron apareciendo otras personas en sus vidas y fueron olvidándose.
A él le quedó de ella el olor de su piel mezclado con el buen perfume que usaba, ahora sólo saldrá con mujeres que usen perfumes importados, tal vez.
A ella le quedó de él el sacudón del miedo a estar con otro hombre, ahora está lista para un mejor encuentro, quizá.

miércoles, 28 de mayo de 2008

Marguerite Duras, siempre

Cuando estaba casi, a la manera de "mi reino por un caballo", a punto de gritar: "Mi biblioteca por el "Escribir" de Marguerite Duras"... ¡lo encontré detrás del respaldo de mi cama!
Es que los libros están con uno, en todas partes. Y es éste el único libro, por el momento, que no presto de mi biblioteca porque es mi preferido y porque no lo quiero perder ya que lo tengo todo marcado con las frases que más me gustaron.
Las que voy a trascribir a continuación se las dedico a Nikté, a todas las mujeres que escriben, a todos los hombres que se permiten lucir su costado femenino y sensible a la hora de escribir.




Son reflexiones maravillosas, desde las entrañas, de una mujer que ha escrito:

"(...) Siempre he llevado mi escritura conmigo"

"(...) Alrededor de la persona que escribe libros siempre debe haber una separación de los demás. Es una soledad. Es la soledad del autor, la del escribir."

"(...) La escritura nunca me ha abandonado"

"(...) Las mujeres no deben hacer leer a sus amantes los libros que escriben"

"(...) Una mujer que escribe: los hombres no lo soportan"

"(...) La soledad no se encuentra, se hace"

Y termina el libro así:





"Escribir es intentar saber qué escribiríamos si escribiésemos -sólo lo sabemos después- antes, es la cuestión más peligrosa que podemos plantearnos. Pero también es la más habitual.

La escritura: la escritura llega como el viento, está desnuda, es la tinta, es lo escrito, y pasa como nada pasa en la vida, nada, excepto eso, la vida"

lunes, 26 de mayo de 2008

La hoguera de las vanidades

¡Qué emoción! Antes de cumplirse tres meses de mi inmiscusión en el mundo bloggero... ¡recibo este premio!







La grata idea de premiarme fue de Daniel, así que por quejas dirigirse a: http://elfielreflejo.blogspot.com/ (de todas maneras yo no pienso devolver el premio)

Muchísmas gracias, Dany, por tenerme en cuenta y darme esta alegría!!!

Muchísimas gracias a todos los que semanalmente pasan un ratito por aquí!!!

Muchísimas gracias a todos los que, además de ojear, se animan a dejar comentarios, estímulos, debaten y hacen de éste un espacio vivo!!!

Consignas del creador del premio:

El Premio Brillante Weblog es dedicado a webs y blogs que resalten por su brillantez tanto en temática como en diseño. Y con el mismo propósito de promocionar entre todos una vez más la blogósfera mundial.

Reglas:
1.- Al recibir el Premio, se ha de escribir un post mostrando el Premio y se ha de citar el nombre del blog o web que te lo regala y enlazarlo al post de ese blog o web que te nombra ganador.2.- Elegir un mínimo de siete blogs (pueden ser más) que creas que brillan por su temática y/o su diseño. Escribir sus nombres y los enlaces a ellos. Avisarles que han sido premiados con el Premio Brillante Weblog.3.-Opcional. Exhibir el Premio con orgullo en tu blog haciendo enlace al post que tú escribes sobre él.


Mis premiados:

1.- Por su originalidad y por hacer pensar a través de una sonrisa: la vida es inclusive (
http://epareta.blogspot.com/)
2.- Por su estética: solsticios y equinoccios (
http://solsistere.blogspot.com/)
3.- Por la garra de sus textos, de sus comentarios y por todo lo que genera en sus lectores: cero inercia (
http://0inercia.blogspot.com/)
4.- Por la perspectiva estética desde la que mira su vida y textos (que él son la misma cosa) y porque me salió, afortunadamente, retorcido este querido alumno: tres palabras (
http://buscandoalayla.blogspot.com/)
5.- Porque es española, mujer, ama a la Durás y escribió un cuento que no me puedo sacar de la cabeza: el cuarto de los juegos (
http://esthersicole.blogspot.com/)
6.- Porque me gustan sus textos: el ventrílocuo (
http://ventrlocuo.blogspot.com/)
7.-Porque es español, hombre, ama el mar y su entusiasmo me animó a seguir escribiendo: pablos ballesteros (
http://pablosballesteros.blogspot.com/)
8.- Por la dulzura de su blog, en un mundo que la necesita tanto: tierra de sueños (
http://tierrademagia.blogspot.com/)


jueves, 22 de mayo de 2008

La cita III (continuación)


Se encontraron en el Chat. Se dieron explicaciones, se justificaron, enojaron, desconfiaron, acusaron, recelaron, aceptaron, se rieron, perdonaron y reconciliaron. Acordaron una nueva cita.
Se encontraron personalmente varias veces. Se desencontraron otras tantas.

Él no entendía. No entendía sus reclamos, sus enojos, sus tiempos, sus gustos.
- ¿Qué tiene de malo esta confitería que no lo tiene la otra?

Ella no entendía. No entendía sus maneras, su historia, su presente, sus tiempos.
- ¿Nunca aprendió en sus relaciones anteriores cómo tratar a una mujer?

Sin embargo se atraían, se intentaban. Charlas, café, cine, restaurante, miradas, roce de manos. Un encuentro, otro, primeros besos. Piel, química. Entonces, encuentro decisivo. Perfume. Lencería. El auto. La depiladora. Las ganas. Los nervios. Dudas. Miedos.
Excitación

Cita.

Él, satisfecho del encuentro. Dos veces en la primera vez, casi una tercera después de la ducha.
- ¿Por qué no querrá más esta mina?

Ella, rara. Le duele todo el cuerpo. Miles de posiciones. Pero gozó. Ay, gozó.
- ¿No se cansará nunca este tipo?

Se despiden después de cinco horas juntos. Los acucia la realidad: obligaciones, horarios. Terminó la novela. Hora de volver silbando bajito.

- ¡Qué poco afectuosa la despedida! ¿Siempre será así?

- Se ve que se rayó. ¿Qué le habrá pasado?

lunes, 19 de mayo de 2008

La cita II (continuación)

La cita II

La mujer llega diez minutos antes al bar de la calle Corrientes. Quiere anticiparse para elegir mesa, prepararse, manejar la situación.
El hombre llegará quince minutos tarde. Quiere llegar puntual pero una manifestación por las calles del centro lo demorará.
Ella se ubica al lado de la ventana, en el fondo, en línea directa con la puerta. Apunta.
Él no cree en su mala suerte, el taxi no se mueve. Salió antes de su trabajo para llegar a la cita pero ahora parece que no puede disparar.
La mujer se impacienta, toma el libro, lo abre, lo ojea, lo cierra, lo tapa con la servilleta. Observa. Mira el reloj. Las seis en punto. Entra un hombre solo. Muy viejo. Que no sea. Que no sea.
El hombre le indica al taxista que vaya por otro camino, que se apure. Que lo espere, que lo espere.
Ella pide un agua mineral. Boca reseca, corazón acelerado, ¿palpitaciones? Entra otro hombre, alto, buen porte. No lleva flor. El libro se asoma, incita. No aparece la flor. El hombre se acerca, parece que quiere hablarle. No lleva flor. Sigue de largo, va al baño.
Él no quiere escuchar más al taxista que parlotea sobre política. Apoya la flor en el asiento. Se inclina hacia delante para guiar al chofer. Quiere llegar rápido. Son las seis y cinco.
¿Cómo es posible que se demore en la primera cita? Son las seis y diez. Es una descortesía de su parte. Y tan caballero que parecía por chat. ¡Príncipes azules que destiñen tanto!
¡Malditos piqueteros! ¿Uno no tiene derecho a circular por su ciudad? ¿Uno no tiene derecho, una vez en la vida, a tener una cita?
¿Todo le tiene que salir así, qué hizo mal esta vez? ¿Por qué no llega? ¿Y si era el primero, con la flor oculta, y cuando la vio se avergonzó al verla tan joven y se fue? ¿Y si era el segundo y la vio vieja? ¿Y si mejor se va?

La mujer llama al mozo y paga. El hombre le pide al chofer que lo deje en la esquina y paga, prefiere caminar media cuadra y no dar más vueltas en el taxi. Ella va hasta el baño a buscar su cara en el espejo, no quiere llorar, se retoca el rimel. Él camina veinte metros y se acuerda de la flor olvidada en el auto. Retrocede, corre hasta la esquina, pero el taxi ya no está. Vuelve hacia el bar, entra apresurado. Se choca levemente con una mujer cabizbaja que sale. Busca con la mirada. Una pareja, un hombre, otro hombre, un grupo, tres mujeres. ¿Se le habrá hecho tarde?
Ella en la puerta duda, duda una vez más. ¿Se le habrá hecho tarde o no vendrá? Mira el reloj. No puede esperar más de quince minutos en la primera cita. No quiere empezar con el pie izquierdo. Por la esquina pasan taxis. Se va hacia allá.
Él da vueltas por el bar, se acuerda de la mujer que recién salió, mira hacia la puerta y la ve alejarse, le pregunta al mozo si tenía un libro. El mozo duda, no se acuerda, puede ser. Sale del bar, la busca, ve la espalda de esa mujer que para un taxi en la esquina, cree que es su taxi. Le hace señas. No lo ven.
La mujer se sube al taxi y ve una flor roja en el asiento. Llora y sonríe a la vez. Le va a avisar al taxista, pero éste comienza a hablarle de la manifestación. Entonces no le dice nada. Toma la flor con sus manos cuidando de no lastimarse con las espinas y decide que esa rosa roja es para ella.


¡Ya veremos cómo se excusa por chat!

martes, 13 de mayo de 2008

La cita



La cita ya está acordada. Él llevará una flor roja; ella, un libro de poemas. Se ríen de su cursilería. Coinciden.
La cita será a las seis. De él no sabemos nada; de ella, tampoco. Hace un mes que intercambian mensajes por el chat. Ella intenta escribir una historia de amor. Él usa el teclado.
La cita es a las seis en un bar de Corrientes. A ella le gustan los poemas. Él tendrá que ver dónde compra la rosa. Los dos se bañan, se perfuman, se sonríen un poco. Se ilusionan otra vez, a pesar de todo.
La cita fue acordada hace una semana. Tuvieron tiempo de imaginarse y reescribirse. Los siete días pasan veloces y las horas se hacen eternos minutos.
La cita no sabemos cómo será. Sólo vemos un hombre que se aflojó la corbata y compró una flor roja. Una mujer que se arregló el flequillo y apretó un libro.
La cita va a empezar en otro cuento.



Copyright©2008

domingo, 11 de mayo de 2008

El lado oscuro del corazón

“Me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! –y en esto soy irreductible- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!”




Palabras más, palabras menos, así empieza la mejor película de Subiela, "El lado oscuro del corazón", estrenada en mayo de 1992. Y como esta tardecita de domingo me dio ganas de volver a verla...
El texto está en "Espantapájaros", de Oliverio Girondo, editorial Losada. Todo ese libro es maravilloso. Yo me enamoré de Girondo en esa pelìcula y del personaje que tan bien interpreta Grandinetti, también. Jamás me olvidé de su sobretodo negro, al viento, acompañando sus pasos melancólicos y "malditos" por la ciudad.


De regalito, un link con el comienzo de la película:
www.youtube.com/watch?v=-EMBtqEC1ew

y de yapa, otra secuencia de la pelìcula:
www.youtube.com/watch?v=1FMWZvV28cU

martes, 6 de mayo de 2008

Diálogos





Intentar escribir.
Comprar un cuaderno, probar la lapicera, huir de teclados.
Siempre huir. Un poco.

No sé

No sé muchas cosas, León Felipe, es verdad; tampoco todos los cuentos. A veces, ni siquiera uno. Ni el propio.

Pero intento.

Tratar de escribir, de salvar(se) (me) (lo) (la). Un inicio brillante, envidiado: lo li ta.
Llorar en un café, sonreír en una medialuna, resucitar en un renglón.

Juego, siempre juego, me distraigo. Inconstancia de amar, de odiar, me río, me lloro, me olvido. Pierdo el estilo que no tuve, me canso, me aburro, geminiana en la rueda de la fortuna de ganar y perder.
La inmensidad de la nada.

Palabras repetidas, incompletas, implícitas siempre: triste, el amor, casi, el hijo, lloro, la casa, Duràs, la escritura, todo, el tiempo, juego, la nada.

Intento, sigo, a pesar de

Un pésame más.

Comprarse un cuaderno para intentar, a pesar del ruido, gratificarme. Soy maravillosa. Resisto. He ahí la grandeza de la impotencia irreverente.

No renuncio.

Juego al tute. Me río. Te extraño. Te dejo.
Te necesito. Te invento. Te rechazo. Te persigo. Te busco. Te abandono. Te temo. Te flagelo. Te abandono. Te encuentro. Te te te te te te.

Y los ruidos del café de la música de la radio de la gente de los ecos de la angustia del deseo del pecado del destierro del tiempo del miedo de la soledad del frío del viento de la infancia del incesto del fallido del invierno del campo del trueno de la despedida del encuentro de dos.

Y la mano que sigue, sola, terca, sin mí, sin yo.
Lo escrito para otros.

Escrita.

Copyright©2008

domingo, 4 de mayo de 2008

Otro de la Durás


Estoy releyendo "Ojos azules pelo negro" de la amada Marguerite:



"Se sorprenden de pronto miràndose el uno al otro. Y de pronto, vièndose. Se ven hasta la suspensión de la palabra en la página, hasta ese golpe en los ojos que huyen y se cierran"


Y no pude leer más

lunes, 28 de abril de 2008

Marguerite Duras, la más amada




Tal vez, porque uno hace propios determinados textos y siente que están allí donde uno va, desde siempre...

Tal vez sólo porque sea ingrata o despistada...

Tal vez, porque recurro a mis amores en días como estos, grises, en los que podría hacer míos los versos de Neruda: "Puedo escribir los versos mas tristes esta noche/escribir por ejemplo la noche está estrellada/ y tiritan azules los astros, a lo lejos"...

Lo cierto es que hace más de un mes que comencé este blog y recién ahora se me ocurre porstear algo de mi escritora predilecta: Marguerite Duras, de su libro "Escribir", una joya que cualquiera que intenta la literatura debiera leer:

“Un escritor es algo extraño. Es una contradicción y también un sinsentido. Escribir también es no hablar. Es callarse. Es aullar sin ruido. Un escritor es algo que descansa, con frecuencia, escucha mucho. No habla porque es imposible hablar a alguien de un libro que s está escribiendo. Es imposible. Es lo contrario del cine, del teatro y otros espectáculos. Es lo contrario de todas las lecturas. Es lo más difícil. Es lo peor. Porque un libro es lo desconocido, es la noche, es cerrado, eso es. Un libro avanza, crece, avanza en las direcciones que creíamos haber explorado, avanza hacia su propio destino y el de su autor, anonadado por su publicación: su separación, la separación del libro soñado, como el último hijo, siempre el más amado.

Un libro abierto también es la noche.

Estas palabras que acabo de pronunciar me hacen llorar, no sé por qué.”





Otros libros para tener en cuenta de la misma autora: "El amante" o "El amante de la China del Norte", "El amor", "Emily L." y tantos otros



miércoles, 23 de abril de 2008

Día del Libro y de los Derechos de Autor
















Hoy es el Día del Libro y de los Derechos de Autor y entonces decidí postear el primer cuento mío que se hizo acreedor de una mención de honor en un concurso y de la posterior publicación en una antología llamada Imperfectas soledades. Es decir...: el primer cuento que me hizo pensar en los derechos de autor!!! Jajaja.





Espero que lo disfruten y que me comenten qué les pareció. Ahí va (de paso, si a alguno se le ocurre un mejor título, acepto sugerencias, el que tiene jamás me convenció, gracias):

Una enfermedad de hoy

Urgalio: supuración dermatológica, eso había dicho el médico. Que era producida por el estrés no había necesidad de mencionarlo: eso él ya lo sabía. ¡Loco venía de la oficina, loco! De color verdáceo, ¡vaya novedad! ¿Se había creído que era ciego también? El color ya lo había visto antes de ir a pagarle un bono de consulta a esa luminaria de la ciencia. Si fue justamente el color lo que le hizo gritar a la Coca como una fiera: “¡Te estás pudriendo en vida, viejo!”. Lo de la aparición esporádica fue lo único digno de un matasanos que justificó el bono. Después de la explicación se sentía aliviado, por lo menos no lo iba a tener siempre. Va y viene, le dijo el médico. Espero que vaya y no vuelva, pensó él. Pero si algo no podía aceptar de la maldita supuración era el lugar que había elegido para hacerlo. Tanto y tantos kilos de grasa y justo tuvo que aparecer allí. Alrededor de los genitales, dijo el médico. ¡En los huevos!, gritó él.
Y con una crema y el pantalón flojo, por las dudas, volvió a la casa. ¿Urga qué?, le gritó la Coca que siempre gritaba. Urgalio dijo el médico, urgalio. Eso te pasa por huevón y maricón, siempre te estás rascando los huevos, hurga que te hurga. Después querés que los chicos no se metan los dedos en la nariz. Ni las manos te lavás después, para qué si así es más cómodo. Ni vas a buscar otro trabajo, total en la oficina de mierda el señor está bien: ¡Se rasca todos los días los huevos! ¡A diestra y a siniestra! Total si después la familia tiene que hacer magia con cuatrocientos pesos roñosos a él no le importa. Se rasca los huevos y listo, santo remedio. Total la Coca se arregla, que limpie cinco casas no importa y si se queja que limpie cinco más. Y de paso puede limpiar ésta, ¿no?, que buena falta le hace. Y ocuparse más de los chicos y esperarlo sin cara de culo y con la mesa servida, de paso. Así piensa el señor y la conciencia limpita, limpita después. Si no le gusta, si no le alcanza: ¡que labure más! Que yo contento todo el día rascándome los huevos como un ...
No escuchó más. Cuando la Coca se ponía el cassette no la terminaba nunca. Caminando lentamente se fue al bar del Gallego donde a esa hora ya podría encontrar a Tito. Lo pensaba, por hoy, invitar con una ginebra y contarle su problema. Mientras caminaba las tres cuadras hacia el lugar, el escozor se hizo más agudo y con mucha precaución se acarició más que rascó el costado de su genital derecho porque tenía temor de hacerse más daño. Pero en ese momento se acordó de su mujer y se rascó violentamente, luego insultó al aire y siguió caminando.
Tito ya estaba ubicado en la mesa de siempre. ¿Qué hacés, viejo, que hace tantos días que no te veo por acá? Qué bueno verlo, con Tito era más fácil hablar, siempre iba al grano. Estuve mal, Tito, tuve que ir al médico y el turro ese me dijo que tengo algo así como urganio, urgalio, qué sé yo. Me pican, Tito, me pican los huevos. No te hagas problema, viejo, a mí cada tanto también, es normal. El problema es que a mí me pican un rato, contestó, y después no me pican más. Pero al rato viene y otra vez más fuerte. Es intermitente dijo el médico. ¿Qué problema te hacés?, le dijo riéndose, a mí también me pasa, a todos. No, Tito, a mí se me están poniendo verdes. ¡¿Verdes?! Ah, no, eso no. Andá al médico, ché. Ya fui al médico, dijo, eso es lo que te estoy contando. Me explicó que es por el estrés y me dio una crema. Ah, bueno. Pero, ¿es contagioso? No, es nervioso. De nervios ni me hables, ¿a que no sabés lo que me hizo el turro de mi cuñado? Estoy enloquecido, me cagó. ¿Te acordás que le salí de garante de la casa que se compró? Resulta que hace como seis meses que no paga la cuota de la hipoteca, desde que lo rajaron de la fábrica cuando cerró. Y ayer me llamó el abogado para que yo lo cubra. Fijate que el hijo de puta ni siquiera me avisó antes, si no iba y lo agarraba del forro del culo y lo metía veinte horas arriba de un auto. Que labure de remisero, de botellero o de lo que carajo sea pero que me pague, a mí que no me rompa las pelotas (la picazón se hizo en ese momento más aguda y tuvo que rascarse cuidadosamente por debajo de la mesa mientras se esforzaba por escuchar a Tito). Encima la Negra comienza con la cantinela de siempre: que cuando estábamos mal el único que nos ayudó fue su hermano, que es el padrino de Laurita, que con el bebé no los podemos dejar en la calle. ¡A mí me van a dejar en la calle por su culpa! Pero la Negra es así, a la familia no se la toqués. Ahora está en casa llorando con Claudia que fue con el bebé, cuando se enteró que ya sabíamos, para dar lástima y la Negra va y encima la consuela, le ceba mate. ¡A ellos consuela! y a mí que me parta un rayo. Un día yo me voy a cansar y...
No lo escuchó más, se levantó lentamente, dejó dos pesos en la mesa y le palmeó el hombro. Cuando Tito comenzaba a enroscarse con su mujer no la terminaba más y él necesitaba el consuelo de alguien, de cualquiera, por eso decidió ir a la casa de su mamá.
Hijo, cuánto hace que no te veo. Qué raro vos por acá. Te pasa algo. Caminás raro. No, vieja, quedate tranquila y dame unos mates, dijo. Porque la vieja preocupada era peor que la Coca. Estoy bien. lo único que tenía unas molestias y el médico me dijo que es una urticaria, que se me va a ir enseguida. Me dio una crema y nada más. ¿A ver?, dijo la madre leyendo el prospecto. Dame que te la pongo. No, vieja, se atajó él rápidamente. Es en ...una zona delicada. ¡Qué delicada, ni delicada! ¿Quién te puso Caladryl por todos lados cuando tuviste la varicela, a pesar de que ya eras bastante grandecito? No, vieja, esta vez no. Es en la ingle, dejá. ¿En dónde, en los huevos?, preguntó mientras se sacaba con la punta del repasador la crema del dedo índice. Por ahí, dijo avergonzado. Pero, ¿cómo puede ser? No me digas que por fin te decidiste y te fuiste de parranda a pescarte alguna peste. ¿Se cura, no? ¿Te mandó alguna inyección el médico o sólo la crema? Acordate que acá a la vuelta está María, que aplica inyecciones de todo tipo y de ésas también. Sí, vieja, ya sé. Pero quedate tranquila que no es ninguna peste, no empecés con lo de la joda. Pero nene, si no fuiste vos fue la depravada de tu mujer la que te contagió, yo te dije que ésa tarde o temprano te iba a cagar, ya en el barrio...Vieja, te dije que no empezaras. Yo no empiezo, hijo, a las pruebas me remito. ¡Qué pruebas ni ocho cuartos, es nervioso, no es contagioso, es por el puto estrés! Bueno, tranquilizate. Igual la Coca podría traerme a los chicos de vez en cuando, ¿no? ¿Cuánto hace que no los veo? Siempre la excusa de que viven lejos, de que la plata no alcanza, de que trabaja todo el día, pero en realidad es porque no me puede ni ver y si deja a una abuela sin sus nietos eso a ella ni le importa. Bueno, vieja, se me hizo tarde, me tengo que ir. Bueno, nene, pero antes de irte ¿no pasás por lo de Teresita y le dejás algo de plata? Es tanto lo que le debo que cualquier día me va a dejar de fiar hasta el pan, porque tu hermana también hace mucho que no viene, total una está acá sola y eso a nadie le importa. Bueno, vieja, algo le dejo. Chau, cuidate.
Y así se quedó su madre en el umbral de la puerta, cubriéndose con un chal y mascullando no sé qué de la soledad y la ingratitud de los hijos y la puntada que otra vez se hacía más fuerte y que mejor no rascarse porque después es peor y qué mierda si a la final es lo único que calma.



Copyright©2004

domingo, 20 de abril de 2008

Invadidos...¿por el humo?



Humo, humo, humo…
Se llenó la ciudad de humo / nos llenaron la cocina de humo.

¡Pobres criaturas! / perdidas / asfixiadas…
Hoy vi una de ellas / mareada / confundida / cabeza abajo / colgando de la cortina del baño…

Ya tuvieron que sufrir las consecuencias del cambio climático / veranos más largos / prolongación de la jornada laboral / productos químicos que les envenena la sangre / mala prensa que las acusa de asesinas si tienen los pies (patas) blancos…

¿Y ahora esto?

Parafraseando a Marge Simpson, ¿habrá algún funcionario menos ahumado que haya pensado en la suerte de los pobres ¡mosquitos! que no pueden creer que su archi enemigo, el humo del pasto quemado, haya invadido la ciudad y su rudimentario sistema respiratorio? ¿Quién se ocupará de los desamparados e inocentes anopheles?


(Si estás tan fastidiado como yo de que no se hable de otra cosa, en los últimos días, que del bendito humo, dejáme tu comentario. Mal de muchos…)

domingo, 13 de abril de 2008

¡¡Cosa´e mandinga!!

Me pasó algo muy curioso y como diría Marosa, quedé alelada...
Empecé a navegar por Internet porque buscaba la voz de la Di Giorgio para colgarla en el blog y compartirla en este día un poco frío.
Entonces entré en youtube y fui clickeando hasta llegar a un video donde una mujer leía un poema de Marosa, me decepcioné un poco porque lo que yo quería colgar era la voz de la poeta, que es francamente imperdible y maravillosa. Y fue recién entonces, cuando empecé a vencer la decepción, que comencé a notar lo que sucedía alrededor de esa lectura que, evidentemente, era ante un público. Entonces me llamó la atención la mujer que estaba al lado de la lectora...: por su parecido conmigo!! Sigo mirando al tiempo que me pregunto: "¿Soy yo?" y pienso: "Si soy yo, ¿qué estoy haciendo ahí?, ¿cuándo?, ¿dónde es ese lugar?, ¿quién filmó?, ¿estoy volviendome loca?, ¿realmente soy yo? Obviamente todo esto fue pensado en dos o tres segundos, pero...
¡Qué loco el mundo donde vivimos! Para abreviar la historia, sí, efectivamente era yo, soy yo la filmada, la que luego lee un texto propio junto a otros compañeros del taller literario al que fui hasta el año pasado y las imágenes pertenecen a una muestra que hicimos hace un par de años y que vaya a saber quién colgó...
Lo único que sé es que tal vez los aborígenes tiene razón en desconfiar de las cámaras de fotos, los videos y todos estos aparatos tecnológicos que nos rodean, tal vez sea cierto que nos quitan el alma, el espíritu y encima después lo hacen pasear por vaya uno saber qué lugares y hasta logran que no nos reconozcamos!!!!!
En fin, antes de que pierda la poca memoria que me queda y me desdoble del todo doy la dirección del videíto para quién lo quiera ver y abajo el buscado: la voz (y de yapa un texto) de Marosa leyendo como sólo ella podía hacerlo:

http://es.youtube.com/watch?v=jeABfPrcbF8

http://www.palabravirtual.com/index.php?ir=ver_poema1.php&pid=10962

sábado, 12 de abril de 2008

Postales de mi ciudad III

Miradas colectivas


a Anais


El pelo canoso, las orejas casi grandes, la camisa tosca, de hombre trabajador, la posición erguida, a pesar de todo, de hombre testarudo.
Seguramente, la mirada más allá del colectivo, imaginando un futuro menos ingrato, el horario de salida, el regreso al hogar. Tal vez, la mirada en el pasado, el padre ebrio, la cuna de oro donde no nació.
La mirada presente que no ve la otra, la que lo observa desde atrás, la que mide el ángulo y calcula la luz, la que lo atrapa: la mirada de la fotógrafa que recorre la urbe, rescatando(se).
Miradas que no se cruzan en la ciudad ciega, ciudadanos caballos, con anteojeras.
Y el arte, miope, leyendo a su manera.
(la imagen pertenece a Anais)

martes, 8 de abril de 2008

Mi erótico favorito

Marosa Di Giorgio escribió el relato erótico que más me gusta. No está titulado, es el Nº13, pero no recuerdo de cuál de sus libros (las desventajas de trabajar con fotocopias), supongo que puede estar en Papeles Salvajes (donde se reúnen varios textos de ella) o en Rosa Mística. En cuanto pueda haré la recuperación bibliográfica y la repondré aquí.
Entonces, para recordar a esta amada poeta, única en su estilo, este texto, que me permito dedicar a esos diablos (y a algunos diablillos también, ¿por qué no?)




El bosque de casuarinas donde un día se presentó el Diablo.
- ¿Se presentó el Diablo?
Si, y todo tejido en lana roja y negra. Como una manta y un saco.
Yo era chica y dije: -¿Qué es el diablo?
Era adolescente y quedé alelada.
Era una mujer y quedé picada.

Me le acerqué, pero no mucho, porque no se podía; a ratos, parecía que no estaba.
De pronto dije:
-Yo soy una princesa. Pero legítima; no de pacotilla como las que salen en los diarios.
Al oír esta oración extraña, parpadeó, aunque sus ojos eran inmóviles, y algo se asombró.
Quedaba tieso. Parecía un objeto, un tejido olvidado.
Yo, por aliviar las cosas, vencer esas extrañezas, fui hasta la cocina, tomé, desde un platillo, dulces de higo, salí a mirar las ramas.
Pero, él ya estaba allí; con un salto invisible y opaco, ya estaba allí.
Le dije: - Diábolo.
Él contestó: - Mariposa Glicina. Y Glicina Mariposa.
Llamándome así por mis nombres prohibidos, pues, por salvarme de todo mal, no me habían hecho figurar en el Registro.
Me acerqué a su lana. Él dijo: - Vayamos a los infiernos donde están nuestros hermanos.
- ¿Cómo…?!!
Di un grito que no se oyó.
Pero, le tendí los dedos, que él acarició por sumo instante. Pidió: - Y dame las cosas de abajo.
Aunque parezca mentira me acerqué y separé las piernas.
Él buscó y encontró los orificios; lamió y hendió; uno a uno, los lamía y los partía. Yo, un poquito, brincaba. Dijo: - Vayamos, bromelia, móntate en mi lomo. Y vamos.

(La imagen que acompaña el texto es de Sabela Arias)

jueves, 3 de abril de 2008

Recortes




Ella está tendida boca arriba, en ropa interior, sobre la cama. Tiene los músculos tensos por el esfuerzo de estar estirada. Las muñecas las tiene ceñidas fuertemente a los barrotes del respaldo. Le aprietan demasiado. Tal vez le quede alguna marca, se distrae. Pero no quiere pensar en nada.
Se concentra nuevamente en él, que recorre con impaciencia el departamento. Busca algo. A pesar de que ella tiene los ojos vendados le parece verlo. Escucha sus pasos que se acercan, su respiración excitada por la búsqueda o por la situación y el olor de su piel sudada. No es verano, pero hace calor.
Él se acerca y apoya su mano fuerte sobre el muslo de ella, le baja la pierna un poco bruscamente, se la acomoda tal cual habían acordado: estirada. Las dos piernas deben estar estiradas, como si estuvieran también atadas a los extremos del pie de la cama. Luego él apoya sus pesadas rodillas sobre el colchón. Ella siente la presión que hace sobre la goma espuma. Siente su respiración cada vez más cerca. Él le aproxima su aliento a la cara, a la boca, empieza a soplarle los labios.
Ella siente su aliento tibio y alcohólico y se emborracha también. Él recorre la comisura de sus labios con la punta de la lengua, empieza por los bordes, entra un poco en la boca. Ella no puede resistir la tentación de besarlo, él se aleja y le susurra silencio. Ella entiende. Él recomienza: la comisura, un poco en la boca, el labio inferior ida y vuelta, el superior. Baja por la mejilla, lamiéndola, por el cuello. Ella se mueve, él vuelve a amonestarla. Ella trata de disminuir hasta su respiración, aunque sus latidos son intensísimos. Él le sopla aire sobre el camino de saliva, ella se contrae. Siente, entonces, sobre su oreja libre el ruido de una tijera que se abre y se cierra, ese chasquido…
Luego el frío del metal que recorre el borde de su corpiño, que se cuela entre la piel y la tela. Sabe que tiene que dominar el ritmo de sus palpitaciones porque, si la delatan, se acabará el juego.
La tijera recorre ahora su frente, la nariz, la boca, el mentón y baja por el cuello hasta la mitad del pecho. Corta la tela y el corpiño, inútil para siempre, libera su carga.
El instrumento, incansable, recorre ahora la nueva superficie, los pezones se erizan. Él se acomoda diferente. Ella sabe que está buscando un hueco en el respaldo y tanteando el libro buscado. Él, con su mano experta, abre en la página marcada, el señalador cae sobre los pechos de ella.
Él comienza a leerle pausadamente, mientras la tijera se cuela por debajo de la bombacha. El metal se siente frío sobre su ingle, siente parte del peso de él sobre su brazo estirado, pero sabe que debe callar. El chasquido indica que se va a rasgar la textura de la tela, el texto empieza a envolverla y ella no sabrá nunca cómo acaba.




Copyright 2008