
Iba a escribir que odio las publicidades sensibleras, que muestran las familias felices, que buscan el efecto melodramàtico fácil...y que cuando uno ya está emocionado y apunto del lagrimón mezclado con sonrisa ingenua... ¡descubrimos que es de un banco!, ¡de una empresa de teléfono!
Ya sé, hay mil cosas para indignarse, muchas y más serias que ésta, pero hoy tengo sueño y sólo quiero decir que odio a Telefónica y a todas sus sucedáneas. Soy terrenal, también.
Entonces, para salvar este blog, uno de los amados: Girondito y su Invitación al vómito:
Cúbrete el rostro
y llora.
Vomita.
¡Sí!
Vomita,
largos trozos de vidrio,
amargos alfileres,
turbios gritos de espanto,
vocablos carcomidos;
sobre este purulento desborde de inocencia,
ante esta nauseabunda iniquidad sin cauce,
y esta castrada y fétida sumisión cultivada
en flatulentos caldos de terror y ayuno.
Cùbrete el rosto
y llora...
pero no te contengas.
Vomita.
¡Sí!
Vomita,
ante esta paranoica estupidez macabra,
sobre este delirante cretinismo estentoreo
y esta senil orgía de egoísmo prostático:
lacios coágulos de asco,
macerada impotencia,
rancíos jugos de hastío,
trozos de amarga espera...
horas entrecortadas por relinchos de angustia.
Oliverio Girondo, en Persuasión de los días